Moonlighter

Una empresa de software contrató a un informático remoto a tiempo completo. La dirección estuvo satisfecha con su trabajo durante las primeras semanas, ya que demostró ser excepcionalmente profesional, diligente y creativo.

Sin embargo, al cabo de tres meses, la participación del nuevo especialista empezó a disminuir. Empezó por algo pequeño: el especialista tardaba horas en responder a los mensajes de sus colegas en horario de trabajo y a menudo llegaba tarde a las reuniones de Zoom. El empleado parecía frecuentemente cansado y desinteresado en las llamadas y no mostraba ninguna iniciativa. A su jefe le preocupaba que esos pudieran ser los primeros signos de agotamiento. Sin embargo, el informático le aseguró que estaba bien, pero que seguía perdiendo llamadas y mensajes importantes.

La productividad del empleado siguió disminuyendo. Empezó a llamar para decir que estaba enfermo o a pedir días libres con pretextos inverosímiles, a veces varias veces por semana. Cuando no cumplió un plazo crucial y trató de culpar a su colega con el que trabajaban en la tarea, la dirección decidió investigar las razones de ese comportamiento.

El especialista utilizaba un ordenador portátil propiedad de la empresa para trabajar. Durante una de las visitas del empleado a la oficina, el gerente instaló CleverControl en su dispositivo. Los indicios de comportamiento sospechoso aparecieron casi inmediatamente. El especialista tenía un horario de trabajo fijo, pero los informes de actividad del usuario mostraban su larga ausencia del ordenador cuando se suponía que debía estar trabajando. Analizando sus registros de Whatsapp, el gerente encontró una discusión sobre un proyecto similar al que el informático estaba trabajando en esa empresa. El proyecto en cuestión era la nueva característica que haría que el producto de la empresa se diferenciara de sus competidores. Y lo que es más alarmante, el empleado lo estaba discutiendo con un desarrollador senior de una empresa de la competencia. El directivo conocía a ese desarrollador porque había intentado cazarlo hace varios meses. Unas semanas de seguimiento de Live Viewing y capturas de pantalla no dejaron lugar a dudas: el especialista estaba trabajando en un proyecto similar para la competencia. Al parecer, al principio utilizaba su ordenador personal para el proyecto paralelo. Más tarde, se relajó y se despreocupó de trabajar en ambos proyectos utilizando el dispositivo corporativo.

El directivo fue más allá y llamó al especialista en RRHH de la competencia. Se enteró de que habían contratado al empleado en cuestión tres meses después de que obtuviera el puesto en la empresa del directivo, justo cuando la productividad del empleado empezaba a decaer. El informático trabajaba para las dos empresas simultáneamente, lo cual era la razón de los días libres impares y del incumplimiento de los plazos. Y lo que es peor, compartía las mejores prácticas y la información confidencial de ambas empresas, todo por dinero. Consideró que un solo sueldo en la primera empresa no era suficiente para él, así que encontró un puesto similar en la empresa que trabajaba en el mismo campo. Pensó que podría hacer las mismas tareas simultáneamente y recibir el doble de dinero. El esquema sería perfecto, pero CleverControl le ayudó a revelarlo.