La contratación como uno de los componentes del éxito empresarial

El proceso de contratación es seguramente familiar para cualquiera que haya trabajado en una empresa o haya tenido una entrevista de trabajo. Un directivo con cierta experiencia sabe exactamente qué tipo de empleados se necesitan y qué conjunto de aptitudes personales y profesionales deben tener. Pero cualquier caso tiene sus excepciones y reglas de oro que hay que respetar. En este caso, las reglas se aplican a aquellos empleados que no se deben contratar bajo ninguna circunstancia y condición. La base del éxito de la actividad de cualquier empresa es la ausencia de empleados que sean familiares o amigos del empresario.

Por regla general, estas personas acaban creyendo que deben ser tratadas de forma diferente a los demás. Este tipo de actitud en un equipo de trabajo hace que el resto de los participantes recurran al conflicto como forma de establecer la justicia. En este caso es muy difícil mantener el tratamiento imparcial de la situación, especialmente si se intenta calumniar a alguien de la familia del empleador. Y después será bastante difícil restablecer una relación de confianza con una persona que no es ajena a la empresa a causa de una disputa ocurrida durante el tiempo de trabajo. La siguiente categoría de personas a las que nunca se debe contratar también está asociada a los familiares, sólo que en este caso, a los familiares de los empleados.

A menudo ocurre que un miembro del equipo intenta recomendar a alguien de su círculo íntimo para un puesto vacante. Las recomendaciones relativas a esta persona pueden coincidir con su competencia y conocimientos, pero el empresario tiene que entender que es imposible conocer todos los detalles y que es mejor no asumir esa responsabilidad. Si se da el caso de que un empresario y un trabajador recién contratado no llegan a un entendimiento, es probable que también se arruinen las relaciones tanto profesionales como personales con la persona de la que proceden las recomendaciones.

También merece la pena prestar atención a los que sólo crean apariencia de actividad. Una persona así puede detectarse en la primera entrevista. Es muy poco probable que les llamen si llegan un poco tarde a la reunión debido a la inmadurez, mientras que una persona adecuada y responsable de sus actos encontraría la manera de hacerlo. El currículum de este tipo de candidatos a menudo no contiene ninguna información específica, sólo dicen cosas negativas sobre sus anteriores trabajos y todas sus respuestas a las preguntas son poco exhaustivas y superficialmente fuera de lo común. A la hora de contratar a una persona de este tipo es importante entender que lo único que hará será crear una apariencia de actividad y su eficiencia será extremadamente baja.

También existe una categoría de los llamados empleados dependientes. No saben tomar sus propias decisiones y se remiten a su supervisor en cada ocasión, sin ni siquiera considerar el hecho de que podría llevarles demasiado tiempo. Necesitan una orientación clara y no tienen pensamiento creativo ni iniciativa. Probablemente no se oiga nada malo de estas personas en su último lugar de trabajo porque es probable que siempre hayan cumplido con sus obligaciones. Pero también es importante cómo lo han hecho y en qué condiciones. A una persona que reúna las características antes mencionadas y que quiera conseguir un empleo, sólo hay que hacerle las siguientes preguntas: "¿Qué logros personales tiene? ¿Y qué nivel profesional ha alcanzado?". Lo más probable es que esa persona tropiece.

Y, por último, es esencial recordar que nunca hay que dejarse influir por las emociones momentáneas. Si un empleado potencial es demasiado bueno y tienes la sensación de que nunca encontrarás a nadie así o, a la inversa, tienes una abrumadora sensación de lástima, merece la pena considerar a fondo si contratarle o no de inmediato. En este caso es importante desarrollar una intuición profesional que ayude a tomar la decisión correcta.